sábado, 25 de octubre de 2008

Mendoza!!! Tiemblan las bodegas!!! by San

En un relato de mi amiga Mariana, donde pone en manifiesto con exactitud absoluta que el grupo que conformamos sus amigos es un Aquelarre, me menciona. Hola soy Sandra. Allí hace alusión sobre la segunda vez que nos vimos y que fue precisamente en un aeropuerto a punto de tomar un avión para Mendoza, lugar al cual nuestros maridos iban asiduamente a trabajar , corría el año 2005 y Mendoza podía ser la concreción de nuestros sueños, incursionar en la producción de vino (a pequeña escala) o ver un campito de olivos, en fin llegamos los 6 , Mariana , con su marido y su hijo de tres años, y yo con el mío y mi hijo de 1; ya no recuerdo bien si tenían que trabajar o no , creo que en realidad fue absolutamente de descanso. DESCANSO????, eso habrá sido para ellos, nosotras enfundadas en nuestras hermosas mamaderas AVENT (las mejores) y pañales, salimos al ruedo vitivinícola. A ver, yo, lo único que se del vino es tomarlo; ok, me gusta aprender y me gusta incorporar toda esta tendencia de los sabores y maridajes, etc. etc.. Pero en nuestra primer reunión con un amabilísimo señor que se dedicaba a comercializar el divino fruto de la vid, (espero lo siga haciendo), fuimos dándonos cuenta (nosotras dos) las empresarias, las madres, las cambiadoras de pañales y las dadoras de mamaderas; que se iba a complicar un poquito. Entre algún llanto y un “deja que yo anoto” empezaron las preguntas ¿como es el tema de los corchos ¿?? Pero que interesante, ¿Así que podes ponerle el nombre que quieras, ¿ y la etiqueta??, Así que vos te encargas de todo??, Bueno en fin había que hacer como mínimo, una comercialización de 4 distintas variantes malbec, cabernet, pinot noir, y un champagne, Yo por momentos me sentía “Josefina Chandon” y por momentos veía como se alejaba mi sueño alcohólico. Era too much, con un pibe cada una, viendo a que jardín mandarlos, y ocupándonos de tantas cosas , creo que sin decirnos nada , Mariana y yo , supimos que todo era muy lindo, pero que como tantas cosas, para empezar a hacer algo , hay que tener muuuucha plata. Y en esos momentos, los trabajos de nuestros maridos no daban para tanto, y pese a que las dos siempre fuimos laburadoras codo a codo con ellos, y aunque, como toda mujer mágicamente siempre tenemos el famoso canuto (de plata) escondido en alguna parte, no nos iba a alcanzar para nuestro sueño mendocino.
Bueno proseguimos nuestro paseo; insistiendo nuestros maridos con el tema Bodegas, y fuimos a ver una bodega boutique que se vendía, era de un Arizu, a ver si me entienden, era espectacular, valía como 2 palos verdes, era un sueño, yo quería nadar adentro de los tanques que guardan el vino, ni les cuento las barricas de roble (el léxico por lo menos lo aprendí), que les puedo decir salimos de ahí y nos dirigimos a tomar el te, a donde ¿? Al Hyatt, nos hicieron el verso (los dos) que nos lo merecíamos, que si o si teníamos que tomarlo ahí, fin de la historia; nos dejaron clavadas 3 horas, mientras ellos se fueron al casino, que oh! casualidad funciona en ese mismo hotel. El Hyatt se llevó como recuerdo nuestro, un almohadón totalmente manchado de té con leche, que nosotras tratabamos de disimular a pesar de que el hijo de Mariana gritaba SE CAYO TODO EN EL SILLON!!! y si mal no recuerdo esta dado vuelta y es el que ocupa la mesa principal del salón de té. De ahí con el auto a pasear a Potrerillos 50 km de distancia (vale aclarar que el auto era muy, muy, muy chiquito y que los chicos subían al auto y se dormían, o sea el Cerro de la Gloria y casi todo Mendoza lo conocimos desde la ventanilla del auto). Nunca llegamos, yo no se si mi marido se mareaba con las subidas y bajadas de la autopista (LA UNICA QUE TIENE MENDOZA), pero siempre estábamos en el mismo lugar , y no conseguíamos tomar el camino, terminamos en Godoy Cruz, que es más o menos como ir a Pompeya, sin que nadie se sienta ofendido. Que les puedo decir, llorábamos de la risa, no podíamos parar, me reí tanto; que de solo recordarlo me empiezo a reír. Que bueno fue viajar los 6 a Mendoza. Volvimos sin sueños, pero con mucha alegría en el alma.
Y eso es lo importante.


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